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2025-03-31 10:32:12
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Lo que dice la hipersexualidad sobre lo que te falta

La hipersexualidad no solo es placer. Conoce sus aspectos ocultos y cómo puede afectar la autoestima y las relaciones personales.

marzo 27, 2025

¿La hipersexualidad tiene que ver con la tristeza y la baja autoestima? ¿tener sexo solo por tenerlo es bueno? ¿cómo saber si ya es un problema? Aquí les vamos a dar paz y a explicar todo sobre esto.

Vivimos en una época en donde la sexualidad se presume sin filtros. Se habla de libertad, de empoderamiento y de vivir sin tabúes. Y está bien. Pero entre tanta apertura, hay algo que muchas veces se esconde bajo la superficie: no siempre se trata de placer, sino de vacío.

Lo que dice la hipersexualidad de la personalidad

La hipersexualidad, esa necesidad constante de estar en actividad sexual —con o sin pareja—, se vende muchas veces como una señal de mente abierta, de confianza en uno mismo, de “soy libre”. Pero, en realidad, puede ser todo lo contrario: una forma de llenar inseguridades, de evitar el rechazo antes de que ocurra y de demostrar (o convencerse) que se es suficiente.

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Cuando el deseo es una obligación disfrazada

Pongamos un ejemplo. Alguien conoce a alguien. Guapísimo, increíble, de esos que parecen inalcanzables. Y de repente, esa persona le presta atención. ¿Qué pasa? En vez de disfrutar, empieza el overthinking. Si esa persona es un 10, ¿yo qué soy 7? ¿Soy suficiente?

Y entonces, en lugar de relajarnos y conectar, entra en modo performance.  Sí, a todo, empuja sus propios límites y se entrega al 200%, no por deseo, sino por la necesidad de ser aceptado. Y cuando todo termina, en vez de satisfacción, viene el vacío. La sensación de que, pese a haberlo dado todo, igual no fue suficiente.

Este patrón se repite más de lo que nos gustaría aceptar. Pero cuando el sexo se convierte en una forma de validar la autoestima, la línea entre placer y autoabandono se vuelve borrosa.

Hipersexualidad: ¿libertad o mecanismo de defensa?

Hablemos en serio. La hipersexualidad no es solo tener muchas ganas todo el tiempo. Es una conducta compulsiva que no se puede controlar. Es pensar en sexo constantemente, buscarlo aunque tenga consecuencias negativas y, muchas veces, no encontrarle sentido más allá de la urgencia de hacerlo.

Algunos lo llaman adicción, otros una respuesta a traumas o carencias emocionales. No hay una causa única, pero sí ciertos patrones c0mo:

  • Evitar el rechazo: Si se entregan sexualmente, nadie los dejará. O al menos, eso es lo que el cerebro quiere creer.
  • Tener el control: Antes de que alguien los haga sentir desechable, mejor ser quien pone las reglas.
  • Validación externa: Si alguien los desea, entonces valen la pena.
  • Fuga emocional: En vez de lidiar con el estrés, la ansiedad o la tristeza, se busca escape en encuentros sexuales fugaces.

No significa que toda persona con una vida sexual activa tenga hipersexualidad. El problema no es el sexo en sí, sino la relación que se tiene con él.

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Cuando el placer deja de ser placer

La hipersexualidad no es divertida. No es sexy. No es una historia cool para contarle a los amigos. Es desgastante. Es sentirse atrapado en un ciclo que no se puede detener. Es prometerse que “esta vez será diferente” y repetir lo mismo una y otra vez.

Algunas señales de alarma incluyen:

  • No poder controlar los impulsos, aunque se quiera.
  • Que el sexo interfiera con la vida diaria, el trabajo o las relaciones.
  • Sentir culpa o vacío después de cada encuentro.
  • Necesitar experiencias cada vez más intensas para sentir algo.
  • No disfrutar realmente, pero no poder parar.

Y sí, puede traer consecuencias: desde problemas emocionales como ansiedad y depresión, hasta riesgos físicos y financieros. Pero cuando se actúa por impulso, las decisiones pueden salir caras.

¿Y entonces?

Lo más importante es saber que  se puede salir del ciclo. Algunas claves:

  1. Ser honesto consigo mismo. La hipersexualidad no se resuelve pretendiendo que no existe. Reconocerla es el primer paso.
  2. Buscar ayuda profesional. Terapia, grupos de apoyo, lo que te funcione para entender de dónde viene y cómo manejarla.
  3. Identificar detonantes. ¿Es el estrés? ¿La baja autoestima? ¿El miedo a estar solo? Cuando se entiende el porqué, es más fácil cambiar la reacción.
  4. Aprender a estar bien sin validación externa. Pero el valor no viene de quién te desea, sino de quién eres cuando nadie te está mirando.

Hablar de esto no es fácil. Pero es necesario. Pero la verdadera libertad no es vivir atrapado en un impulso, sino elegir cuándo, con quién y, sobre todo, por qué. Y claro, desde una relación más consiente y sana: buscar el placer.

marzo 27, 2025